Es difícil poder aceptarla, pero es mucho más difícil vivirla, sentirla, hay momentos en que es necesaria para poder encontrarnos con nosotros mismos, para poder sincerarnos, para poder ver la realidad de algunas cosas que muchas veces no queremos ver, y solamente cuando estamos solos es que nos atrevemos a liberar los temores y dejar que nuestro corazón y nuestros sentimientos se expresen con libertad y sinceridad. Pero en otra vertiente, la soledad es un mal que muy bien puede llevarnos a situaciones desagradables, dolorosas, y hasta trágicas. La mayoría de las personas que sufren de este mal, es debido a decepciones, abandono indeseado, malas relaciones humanas, autoestima baja, falta de cariño, de confianza; es un mal que a cualquiera puede afectar, por diferentes razones, y es por eso que tenemos que aprender a conocernos, a confiar en nosotros mismos, a querernos, y si, a vivir los momentos de soledad que a veces sin proponérnoslo nos depara la vida, por breve espacio o por largo tiempo, lo importante es crear consciencia de la realidad por la cual nuestra vida pasa en dichos momentos, para no caer en el abismo que conlleva la soledad a tristeza, a la depresión y la desesperanza. Todos en cualquier momento hemos tenido momentos de soledad, muchas veces provocados por uno mismo, otras veces decididos por otras personas, pero lo principal es definir que tipo de soledad es la que nos mantiene fuera de nuestro entorno y muchas veces de las personas que queremos, ya que existen diferentes tipos de soledad, una necesaria y otra imprevista. Y como dice una frase ”La soledad es un buen lugar para encontrarse, pero uno muy malo para quedarse”.